Cada 1 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Dactiloscopía, fecha dedicada a reconocer la importancia de las huellas digitales para identificar personas y esclarecer delitos. La celebración recuerda el trabajo de Juan Vucetich, pionero en convertir estas marcas biológicas en una herramienta científica para la investigación criminal.
Vucetich nació en 1858 en la isla de Hvar, territorio que entonces pertenecía al Imperio austrohúngaro y actualmente forma parte de Croacia. Después de emigrar y nacionalizarse argentino, sistematizó la clasificación de las huellas digitales en cuatro grandes grupos: arcos, presillas internas, presillas externas y verticilos. El 1 de septiembre de 1891 puso en marcha una oficina de identificación en La Plata y elaboró fichas con las huellas de 23 personas procesadas.
La eficacia del método quedó demostrada en 1892 con el caso de Francisca Rojas, ocurrido en Necochea, Argentina. Una huella ensangrentada localizada en la escena permitió establecer que la mujer había asesinado a sus dos hijos y responsabilizado falsamente a un vecino. El hecho es considerado el primer caso criminal en el que las huellas digitales permitieron determinar la identidad de la persona responsable.
La dactiloscopía estudia las impresiones producidas por las crestas papilares de los dedos, cuyos patrones son particulares y permanecen durante toda la vida. Aunque localizar una huella puede parecer sencillo, su levantamiento, conservación, clasificación y comparación requieren conocimientos especializados. Más de un siglo después del trabajo de Vucetich, este método continúa siendo fundamental para la identificación humana y las investigaciones forenses.
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