5 agosto, 2026

Falta de agua hunde a productores caprinos de Coahuila

San Pedro, Coahuila. La prolongada sequía que afecta al norte de México ha colocado a cientos de familias dedicadas a la caprinocultura en una de las etapas más críticas de las últimas décadas. En el municipio de San Pedro, en la Comarca Lagunera, la falta de lluvias, el agotamiento de los pastizales, el elevado costo del agua y los bajos precios de la leche han obligado a numerosos productores a reducir o vender por completo sus rebaños para poder hacer frente a las deudas y mantener a sus familias.
Coahuila es uno de los principales estados productores de ganado caprino del país. De acuerdo con cifras del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), la entidad mantiene una importante participación nacional tanto en la producción de cabritos como de leche de cabra, actividad que representa el sustento económico de numerosas comunidades rurales, especialmente en la región lagunera.
Sin embargo, quienes dependen del pastoreo tradicional enfrentan condiciones cada vez más adversas.
Un pastor, asegura que cada jornada implica caminar durante kilómetros bajo temperaturas extremas para encontrar algo de vegetación y agua para sus animales.
«Este trabajo ya no es redituable. La leche se paga muy barata y las cabras producen menos porque prácticamente no tienen qué comer. Cada vez es más difícil mantener el ganado», relata.
Una rutina que no conoce descanso
Ser ganadero caprino significa trabajar los 365 días del año.
La jornada inicia antes del amanecer con la ordeña manual y continúa durante todo el día guiando al rebaño por cerros, llanos y caminos en busca de alimento. Cuando las distancias son demasiado largas, los pastores permanecen en el campo durante la noche en refugios improvisados, acompañados únicamente por sus animales y perros de resguardo.
No existen fines de semana, vacaciones ni días festivos. Las cabras necesitan alimento y agua diariamente, incluso cuando las condiciones climáticas complican cada recorrido.
La sequía cambia por completo la forma de producir
México atraviesa desde hace varios años periodos recurrentes de sequía severa. Informes de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) han documentado que diversas regiones del norte del país registran déficits importantes de precipitación y altos niveles de estrés hídrico, situación que impacta directamente a la ganadería extensiva.
En San Pedro, las lluvias recientes no han sido suficientes para recuperar los agostaderos.
El poco pasto que logra crecer desaparece rápidamente y obliga a los productores a desplazarse constantemente hacia otras zonas, incrementando gastos de combustible, transporte y alimentación.
«Nos hemos convertido prácticamente en nómadas. Tenemos que movernos continuamente para encontrar algo de pasto», explican los ganaderos.
El agua, el gasto que consume las ganancias
Si hace algunos años los abrevaderos naturales abastecían parte del consumo del ganado, hoy la realidad es distinta.
Los productores aseguran que cada vez deben transportar agua desde sitios más alejados o comprarla para garantizar la supervivencia de sus animales.
El incremento en los costos del combustible hace que este gasto absorba buena parte de los ingresos obtenidos por la venta de leche y cabritos.
«Ya ni el agua es gratuita. Hasta la de canales y estanques nos la cobran», lamentan.
Apoyos que no llegan al pequeño productor
Además de enfrentar la sequía, los ganaderos de campo consideran que los programas oficiales no responden a sus necesidades.
Afirman que los apoyos para alimento subsidiado, mejoramiento genético o sementales suelen beneficiar principalmente a productores con mayor capacidad económica, mientras quienes practican el pastoreo tradicional quedan fuera de esos esquemas.
Juan, productor de la región, sostiene que «Los apoyos terminan en manos de quienes sí pueden pagar las cuotas. Nosotros seguimos dependiendo únicamente del esfuerzo propio»
Precios bajos y dependencia de intermediarios
La economía de las familias caprinas depende principalmente de la venta de leche y de los cabritos nacidos durante el año.
Sin embargo, la ausencia de centros de acopio o mecanismos de comercialización regulados deja a los productores en manos de intermediarios que fijan los precios de compra.
Según los propios ganaderos, el litro de leche de cabra apenas alcanza alrededor de siete pesos, mientras que los cabritos suelen venderse por debajo de su valor real, reduciendo aún más la rentabilidad de la actividad.
En muchos casos, incluso recurren a préstamos otorgados por los mismos compradores, generando un círculo de endeudamiento del que resulta difícil salir.
«Cada día quiero tirar la toalla»
El desgaste físico, la incertidumbre económica y la falta de oportunidades laborales fuera del campo han provocado que muchos productores consideren abandonar definitivamente la actividad.
«Cada día, al levantarme, me dan ganas de tirar la toalla y buscar otro trabajo. Pero veo mis animales y vuelvo a tener esperanza. Si vendo el rebaño, perderé el esfuerzo de toda una vida», expresa Juan.
Mientras esperan que las lluvias permitan una recuperación parcial de los pastizales antes del invierno, los pocos chiveros que permanecen en San Pedro continúan resistiendo con la esperanza de conservar una actividad que, además de representar su sustento económico, forma parte de la identidad y tradición ganadera de la Comarca Lagunera.