París, Francia. — ¿Cuántos no hemos soñado con lanzarnos al emblemático río Sena en un día caluroso de verano? Ahora, ese deseo se vuelve realidad. Por primera vez en más de 100 años, nadar en el Sena está oficialmente permitido para locales y turistas.
La prohibición, impuesta en 1923 debido a los altos niveles de contaminación, ha llegado a su fin gracias a una ambiciosa inversión millonaria y la renovación del sistema de alcantarillado parisino. Con estas mejoras, el Sena ha sido declarado apto para actividades recreativas, marcando un momento histórico para la capital francesa.
La reapertura del río no solo representa un hito ambiental, sino también una nueva atracción turística. Las autoridades esperan que nadar en el Sena se convierta en una de las experiencias más codiciadas por los visitantes, al nivel de la Torre Eiffel.
Sin embargo, la decisión no estuvo exenta de controversia. Apenas el año pasado, el caso de Claire Michael, quien fue hospitalizada tras contraer la bacteria E. Coli en estas aguas, generó alarma pública. A pesar de ello, la confianza en la recuperación del Sena fue tal que algunos eventos de los Juegos Olímpicos pasados se llevaron a cabo en el propio río, lo que avivó el interés por abrirlo nuevamente al público.
Para garantizar la seguridad de los bañistas, las autoridades parisinas implementaron un sistema de monitoreo diario de la calidad del agua. Además, se utilizará un sistema de banderas para indicar si es seguro nadar cada día. Eso sí, está estrictamente prohibido el buceo debido a la poca profundidad del río en varios tramos.
La reapertura del Sena es más que un cambio recreativo: es un símbolo de transformación ecológica y urbana. Ahora, bañarse en el corazón de París ya no es un sueño… es una realidad.



